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Tu hijo no come por jugar.

 

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Seguramente te ha ocurrido que tu hijo no se aparece en la cocina después de haberlo llamado a comer varias veces. También te puede suceder que, durante la hora de la comida, juega con los cubiertos, agarra las servilletas y juega con todo lo que tiene enfrente; mientras tanto, en su plato se enfría la comida.
 
No te preocupes, es completamente normal y, de hecho hay cierta etapa, entre los 2 y 3 años de edad, en la que los niños tienen poca hambre o comen en horas distintas a las que solían hacerlo.
 
Si es tu caso, puedes realizar algunas acciones que te permitan reajustar el horario de comidas de tu pequeño y ayudarlo a dejar a un lado el juego para comer:
 
Pon atención en los horarios en los que tu hijo empieza a tener hambre, no lo obligues a comer cuando todavía está inapetente pues provocarás que juegue con la comida o con los objetos sobre la mesa.
Realiza ciertas actividades previas a la hora de comer para que se vaya tranquilizando y se siente a comer relajado. Puedes poner música clásica unos minutos antes y retirarle poco a poco los juguetes.
Una vez que ha dejado a un lado los juguetes, llévalo al baño y lávale las manos. (Lávatelas tú también).
Pídele ayuda para poner la mesa, se sentirá útil y empezará a tener antojo cuando vea lo que preparaste de comer.
Si ha llegado la hora de comer, y todavía no tiene hambre, pídele que te acompañe mientras tú comes, permítele llevar a la mesa algún juguete y no lo obligues a probar la comida. Lo más seguro es que el olor de los alimentos y ver cómo te los comes, le provocará un poco de hambre y solito te va a pedir que le sirvas.
No tengas televisión en la comida. La hora de comer es un momento familiar y que puede funcionarte en el futuro para conocer lo que hicieron tus hijos en el día y fortalecer la comunicación familiar.
Decora su plato de forma especial, haz figuras con las verduras y juega con él a que se las coma.
No lo regañes ni le hables en mal tono, tu hijo puede sentirse agredido y sólo conseguirás que relacione la hora de la comida con un evento negativo y no querrá sentarse a comer.
Acuérdate que tu hijo ya no es un bebé, es un pequeño niño que siente hambre o inapetencia al igual que tú.
 
A nadie le gusta que lo obliguen a comer cuando no tiene hambre, ten paciencia y ayúdalo a integrarse en los horarios de comida familiares a través de comunicación y cariño.

 

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