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Caída tras caída.

 

 

Hace seis meses que Paco, de dos años, comenzó a caminar. Al principio sus pasos eran lentos, incluso temerosos, pero ni así se salvaba de los golpes y de sus primeras caídas. Ahora, ya anda más rápido y sin sostenerse de los muebles, pero sigue tropezando y los accidentes se convierten el moretones y chichones. A esta edad los golpes son más aparatosos, aunque rara vez de graves consecuencias. Además, recordemos que a los dos añitos, los niños no son capaces de anticipar lo que va a suceder y como se saben protegidos por quienes les rodean, piensan que nada malo les puede pasar mientras se divierten. Por eso es importante que vayan comprendiendo, con nuestra ayuda, la relación causa-efecto.

Y si tu hijo es como Paco, que camina sin importarle lo que pisa, así sea su juguete favorito, hay que entender que los niños a esta edad, no controlan del todo bien su cuerpo. “La coordinación y control corporal que necesita un pequeño para evitar los accidentes se adquiere con la práctica diaria, así que vendrán varios golpes en la travesía”, explica la psicóloga Isabel Martínez. Para ayudarles a reconocer sus cuerpecitos, pídele que cierre sus ojos y señálale dónde está su barriguita, al mismo tiempo que le dices por su nombre, y así sucesivamente con las rodillas, los codos, etcétera. Este ejercicio le permitirá tener una mejor percepción de sí mismo.

A esta edad, los niños también pueden llegar a ser más posesivos y competitivos, lo que los lleva a ser más intrépidos y, en consecuencia a sufrir más caídas y raspones con tal de ser los primeros en todo o con tal de salirse con la suya. Con paciencia y buenos consejos podemos ayudarles a comprender que no hace falta abrirse camino en la vida a “golpes”. 

Si ya sufrió algún accidente, trata de mantener la calma, ya que es fundamental para que tu hijo no entre en pánico. No lo regañes, ni le digas: “ves, ¡te lo dije!”. Es mejor y más eficaz consolarlo primero y después explicarle con calma las razones de su accidente. Si se raspa al caer, retira la tierra y la suciedad, y aplica una solución antiséptica. Si el raspón es grande, lo puedes cubrir temporalmente con una gasa. Después déjalo al aire libre y desinféctalo todos los días.

Si tu pequeño se corta, lava con agua templada y presiona ligeramente la herida con una gasa humedecida para controlar la hemorragia y acude inmediatamente a un centro médico para que valoren la herida. En caso de que se dé un golpe y le salga un chichón, comprueba de que no haya heridas y aplica hielo sobre la zona para reducir la inflamación.

Es importante contar con un botiquín. Asegúrate de revisarlo periódicamente para que no haga falta nada y para asegurarse de que los medicamentes no han caducado. Puedes comprarlo en la farmacia o hacerlo tú misma, pero eso sí, siempre mantenlo en un lugar seco, lejos de la humedad y del calor, y sobre todo, fuera del alcance de los niños.


Botiquín de primeros auxilios

  • Pomada antiinflamatoria para golpes.
  • Gel o pomada antihistamínico para las picaduras de insecto.
  • Antiácidos.
  • Analgésicos y antipiréticos (recetados por el médico).
  • Termómetro.
  • Algodón.
  • Gasas esterilizadas.
  • Solución antiséptica.
  • Jeringas.
  • Tijeras de punta redonda.
  • Cinta adhesiva.

 

 

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